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noviembre 23, 2011

Toma y daca


Sabías que llegaría quince minutos tarde y de todas formas te presentabas a tiempo. Al ver que salía del tren, mirabas el reloj y tus cejas arqueadas jugaban a regañarme. Yo, en cambio, jugaba a tener vergüenza, a sentirme apenado por el retraso; yo jugaba a que te abrazaba fuerte para pedir perdón. Vos, inmutable, jugabas a posar la indignación: querías más abrazos, querías más besos. Te dejabas consentir y yo me prestaba al juego; yo me prestaba al rubio en tu pelo, a la humedad en tu abrigo, a la lluvia en tus cejas, esa lluvia que -por supuesto- alegabas como agravante a mi tardanza.

Jugábamos los dos. Y jugábamos limpio, sin trampa ni malicia.
Jugábamos un juego justo, pero sin salida.
Pasábamos las horas respirando sin presión, deslizándonos entre cañas con limón.
Encontrábamos salidas sin entradas, volábamos sin despegar.
Nos abrazábamos sin complejas pretensiones,
Jugábamos por afición y con pasión.
Jugábamos a mentirle al tiempo, a ilusiones fatuas y emociones díscolas.
Jugábamos a besarnos sin tocar los labios,
A ser vos y yo,
Jugábamos a tener citas.

febrero 24, 2011

Terra Firma

Si supiera que mentís dormiría más tranquilo.
Si supiera que es una fase, una forma de buscar atención o de ser protagonista, respiraría con calma.
Si supiera que es solo una mascarada para construir carácter y para convertirte en "ese" personaje -el de las manías, el de los issues-, podría sonreír con normalidad.
Si me constara que no pasa nada, que solo querés adoptar una pose, jugar un papel -el de las adicciones, el de la infeliz perenne, el del que se corta, el de la que se inyecta- cerraría los ojos con paz.
Si me constara que es simple mimetismo, un mero movimiento reflejo para ser esa talented persona que se deprime para crear arte, que se apaga para brillar o que adopta como propia una búsqueda superflua de excentricismo -un emular de genios, un repetir de locos que no pueden ser nunca perfectos a pesar de que lo son-, no estaría escribiendo esto. Si me constara que es solo una cortina de seda transparente, una pasajera terquedad, una moda de modas, sería muy feliz.
Descansaría.
Respiraría profundo, soltaría un par de carcajadas para desestresar el esternón -o lo que sea que se estrese en estos casos- y, muy probablemente, pensaría en un chiste para repetirlo una y otra vez.
Pero no.
Sé que es cierto. He visto el dolor dibujado en la esquina de tus ojos. Lo he visto y lo veo cada vez con más frecuencia. He sentido la verdad en tus palabras y no se qué hacer ni decir. Quisiera poder plantarte una idea, ejecutar una incepción como en las películas, proyectarte una imagen que te haga caminar en otra dirección, en una más coherente, una más consecuente con lo que sos.
Por el momento sigo intranquilo, sigo con la sangre y las palabras secas, sigo con miedo a no tener nada inteligente por decirte y, sobre todo, sigo con miedo a que tus propios suspiros de indiferencia te empujen aun más hacia el filo del llanto, al vacío finito en el que se terminan las emociones, se apagan las ideas, las bromas, las coincidencias estúpidas, las lágrimas -de risa, de tristeza- y hasta las peleas absurdas; ese espacio maldito en el que se acaba todo, en el que se disuelve tu vida y con ella la mía.

febrero 23, 2011

El proyecto obnubilado



Las veo arriba, las imagino abajo, las acaricio con el pensamiento. Juego con ellas cuando están lejos. A cierta distancia las capturo y al verlas de cerca enmudezco. Imagino cómo sería tocarlas, imagino mis dedos deslizándose por sus contornos esponjosos. Imagino verlas y que me ven, que me sonríen y que me quieren, sí, que me quieren y que me lo dicen esponjándose más.

De cerca, yo sé que me aceptarían y me adoptarían como una de ellas. De cerca, yo sé que jugaríamos sin tiempo, nos moveríamos y nos desintegraríamos de repente, sin pedirle permiso a nadie, sin mirar a los lados con temor. Nos haríamos grises y moradas, nos perseguiríamos y, por qué no, nos disiparíamos de nueva cuenta.

De cerca sería como soñarlas,
De cerca sería como ser joven por siempre.




noviembre 16, 2010

El proyecto experimental

Esta noche, mientras duermo, camino y deshilvano un hilo fino de ideas y suspiros para vos y solo vos. Con cada frase te dibujo una pista, con cada mirada una sutil erección, con cada paso un latido fuerte, sonoro, para que lo sigás sin asustarte, sin escudarte en miedos sin sentido.
Esta noche, inconscientes, sabemos que todo va a estar bien; entendemos que no necesitamos justificar culpas cuando no existen, que ya no es necesario buscar coartadas porque ya todo, en efecto, está bien. El manual ha sido leído, las instrucciones han sido memorizadas. Es evidente, es transparente en tu mirada ensayada o en lo áspero de tu brazo cuando me roza por accidente. Lo noto también en tu voz y en la forzada disculpa que me regalás cuando golpeás mi pierna sin intención.
Esta noche, al dormir, te dejo tenerme. Te dejo abrazarme sin disimulo, sin cuidado de los ojos ajenos.
Esta noche, en mi sueño, te dejo quitarme la ropa y tocarme la mente con tus besos. Te dejo libre de juicios.
Esta noche, en lo oscuro, me envuelvo en la avalancha de tu deseo satisfecho.
Esta noche te aclaro las dudas.

octubre 11, 2010

El proyecto cursi


En mis sueños vi tu alma desnuda por primera vez. Yo nunca creí en las almas, pero anoche tuve la tuya -cierta y clara- frente a mí. No te pedí que la desnudaras, jamás me atrevería. Fuiste vos quien lo hizo motu proprio. Vos con tu impulsividad, esa tan tuya, tan adorable, tan ojiverde. Fuiste vos, con tus pies descalzos, con tu pelo enmarañado y tu mirada de adiós.


Era obvio que mientras quitabas tus botones, llorabas. Nunca trataste de disimularlo. -Hemos hecho esto antes-, dijiste con la voz quebrada. -Nunca-, contesté sereno. Me miraste tan profundo que sentí la bolsa de mis testículos comprimirse y mi pulso arrastrarse (rápido pero a la vez tímido) borrando todo rastro de serenidad en mí.

-Perdoname-, te dije. Lo único que se me ocurrió fue pedir disculpas.
-Ni hay por qué-, contestaste con los ojos cerrados.

Nada fue lo mismo de ahí en adelante. Mis pupilas dilatadas estallaron. Me tomaste la mano izquierda y la posaste sobre tu pecho.

-Tenés el corazón inquieto-, dije casi sin pensarlo.
-No está acostumbrado a funcionar-, respondiste con astucia.

Las horas pasaron y nuestros lazos emocionales articularon una escena de perfecta confesión patética. Cada uno con sus penas, cada uno con sus temores, nos revelamos juntos en total honestidad y sellamos con un beso de despedida la sinceridad que nos prometimos a partir de ese instante.

-Tu alma es fea- dije.
-Lo sé-, contestaste con una media sonrisa.

Pero sabías que mentía. Sabías que estaba ocultándote que me parecía la más linda de este planeta y los que restan por descubrir. Sabías que desde ese momento estaría perdidamente enamorado de vos, que no había vuelta atrás. Vos estabas de acuerdo también. Asentiste sin pedirme nada a cambio, sin exigirme esa desnudez emocional con la que vos te me habías presentado al inicio. Lo sabías todo, pero yo no quise creerlo entonces.


agosto 30, 2010

Próximamente:

'Cuando la decadencia toca a tu puerta'

Mentir en castellano es como decir:

Me apendeja tu carácter etéreo y absurdo. Ignorame, dejame hablando solo, dejame en lo abstracto. Desinterés, dejamelo. Mostrame la cara más aburrida de este planeta y los contiguos. Regalame una mirada ausente o el suspiro indiferente con el que me respondés. Eso quiero.
Por siempre.

Y ya.

agosto 26, 2010

Epílogo

Tengo frío. Comienza en el espinazo y me llega a todos y cada uno de los apéndices del cuerpo. No me deja pensar, ni hablar. No me deja entender nada, sólo una cosa sé y es que tengo frío. Sólo una cosa veo y es que tiemblo. Sólo tiemblo, solo. Sin una cobija, ni humana ni sintética. Sólo desdibujado, con coágulos de tristeza congelados que bloquean el paso de mi sangre hacia el corazón. Sólo corazón. Solo, corazón. Sin los míos, sin los propios. No me muevo de mi silla. No me salgo de este cuarto. No distingo sus paredes de barro, no percibo sus puertas de madera astillada; es que no puedo: no estoy vivo, sólo estoy congelado; estoy solo y congelado sin realmente estarlo. Sin voz, ni oído. Sin vos, ni tu calor. Tengo frío y no puedo gritar, tengo muerte y no la puedo espantar. Ha venido por mí, lo sé. Ha venido a traernos a todos: somos setenta y dos en total.

agosto 08, 2010

Basta

Basta.
Basta.
Basta.
Decime que no es cierto, porque me duele imaginarme lo contrario.
Decime que no, que para nada, porque siento que otro tantito de lluvia seca en mi corazón tendría consecuencias impensables.
Decime que no, te lo suplico; vos podrías volar por otros lados, pisar otros suelos, todos los que quisieras, pero este negalo, descartalo, deshace las palabras y pintalas como texto muerto, imaginado.
Decime que no, dame paz, dame sosiego, dale calma a la mente de mierda que me lleva demasiado rápido.
Y decime: basta.
Basta.
Basta.